Archivo de Septiembre 2008

Les presento mi segundo trabajo práctico de “Introducción a la Narracion”, el supuesto ramo echable de este semestre. En el anterior me saqué un 6,6 así que debería estar bueno este también.

Adjunto el archivo: tres-versiones-de-la-muni.doc

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Estoy algo cansado de la gente que dedica sus días sólo a llorar y hace nada más que mirarse el ombligo desde el ocaso de su lecho. Más aún cuando he gastado mi tiempo en que vean cuán fácil es pararse a dar una vuelta a la esquina, sin resultado alguno.

Resulta tan fácil gritar al mundo que la vida es injusta, que el sol no nos da la buena cara. Tanto más fácil que echarle la culpa a la sociedad, al estado, a la religión, a los vecinos, al Transantiago o al mítico “sistema”. Creyendo así es imposible echarse las cargas al hombro y avanzar.

No saben que es más fácil tomar las riendas de la vida y llevarla uno, pasar las noches tranquilo, respirar hondo en paz y sonreirle al viento tras saber que se han hecho las cosas bien. No siempre resultan, pero si no se empieza, jamás lo harán.

Deja de llorar y comienza a vivir.

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Aún no sé si me gusta porque lo hago bien o vice-versa. Y con esto no me refiero a algo en específico, como podría ser actualmente una carrera, sino a los ámbitos más importantes y también a los más minúsculos de mi vida.

Amo a la música, regocijarme y ser parte de ella, cantar. Aún no sé si el goce vino porque desde los inicios mostré aptitudes o simplemente me esforcé porque me apasionó.

Lo mismo me pasa con el lenguaje, la comunicación. Lo proyecto en cada cosa que hago, al decir que sin la palabra la existencia sería una mera visita sensacional. Cuando el deleite llenó mis pulmones, entonces vi la pregunta asombrosamente clara: “¿es mi vocación o simplemente tengo dedos para el piano?”.

¿Existe acaso una disposición preconcebida hacia ciertas actividades por parte de cada uno? ¿O es el azar? ¿Podemos decir que nuestra voluntad nos puso en el lugar que actualmente ocupamos?

De cualquier manera, por esa grata sanidad mental que solemos llamar “comodidad”, creo que dejaré de preguntármelo tanto. Mejor me remitiré a disfrutar la insólita buena racha que, al fin, merezco.

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